Parte IV
Es contemplar sin miedo nuestras sombras,
reconocer errores y virtudes;
prescindir de tapices y de alfombras
y aceptar nuestras incertidumbres.
Entonces pensamiento, obras y acción
podrán recuperar su antigua alianza;
y aquello que vivimos con devoción
será reflejo fiel, en la balanza.
Y acaso la verdad de Unamuno
consista en comprender nuestra existencia:
que nunca está terminado nuestro mundo
ni acaba de formarse nuestra esencia.
Porque vivir es siempre descubrirse,
mirarse nuevamente cada día;
aceptar que el que fuimos ya se aleja
y abrazar al que somos todavía.
La identidad no es piedra ni frontera,
ni estatua que permanezca ya formada;
es obra que se escribe en primavera,
primavera, que irrumpe iluminada.
Somos memoria, lucha y esperanza,
somos pasado, sueño y porvenir;
somos también aquello que no alcanza
la mano que pretende definir.
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