POESÍA. Y SALUD MENTAL
La voz del
verso desentraña el alma,
cuando la oscuridad nubla la razón;
sin borrar la herida, ofrece calma,
dando a la escena forma y expresión.
Hay un dolor
que no encuentra palabras,
un mar de tinieblas dentro del pensar;
más, cuando escribes poco a poco labras
un horizonte abierto al que mirar.
Escribir es
mirarse sin disfraces,
ponerle nombre al pecado y al pesar;
es descubrir tras máscaras fugaces,
aquello, que no osamos confesar.
El verso no reclama
fortaleza,
ni exige al corazón disimular;
acoge la verdad de la flaqueza
y ofrece un remanso, al poder descansar.
Quien lee en
otro el duelo compartido
descubre que no sufre en soledad;
y encuentra, en ese vínculo tendido,
un eco fraternal de humanidad.
La imagen
abre cauces al sentido,
la metáfora ilumina el interior;
y el pensamiento, antes confundido,
encuentra otra forma, de ver el dolor.
La poesía no
es ciencia ni receta,
ni puede sustituir la curación;
pero acompaña el alma del poeta
y ayuda a comprender la incomprensión.
No borra el
verso lo que nos hiere,
ni vuelve claro el mundo de repente;
más da cobijo al alma que se muere
y vuelve el sufrimiento, confidente.
Porque la
voz, cuando comparte el duelo,
tiende entre dos orillas un sendero;
aun con la noche desplegada al cielo,
nos hace ver, un mundo más sincero.
Que cada
cual encuentre su lenguaje
para expresar aquello que sintió;
que pueda hacer del verso su equipaje
y hallar la luz, que un día se apagó.
L. Carlos de Torres Segovia
Murcia octubre 2026