EL MÉDICO Y EL POETA
Médico y
poeta van
por un sendero de vida,
uno escucha el corazón,
otro el alma dolorida.
Uno pregunta
al latido
qué secreto guarda el pecho,
otro escucha lo perdido
en el silencio deshecho.
Uno conoce
la carne,
su fragilidad y su herida;
otro penetra en el alma
para alumbrar nuestra vida.
Los dos
conocen el miedo
que se oculta en la mirada,
la fiebre que prende fuego
y la pena ensangrentada.
Hay dolores
sin heridas
que no conoce el bisturí,
son las penas escondidas
que nadie puede medir.
El médico
busca el mal,
lo examina y lo comprende;
el poeta busca el alma
cuando el corazón se sorprende.
Angustia,
tristeza y dolor,
pena, silencio y muerte,
son escena ante el doctor,
mas no siempre tienen suerte.
El médico
lucha y vela
junto al lecho del doliente;
el poeta enciende una vela
dentro del alma sufriente.
Y cuando la
ciencia calla
ante el misterio profundo,
la poesía aún batalla
por mejorar este mundo.
Una
esperanza encendida,
un recuerdo, una mirada,
pueden devolver la vida
cuando la noche es cerrada.
Porque hay
heridas del alma
que no se ven en la piel,
y solo encuentra la calma
quien sabe interpretarla fiel.
Médico y
poeta son
dos caminos hacia el hombre;
uno busca curación,
otro devuelve su nombre.
Uno cura con
sus manos
y con su ciencia precisa;
otro cura desengaños
con la palabra que avisa.
Uno combate
la muerte
con saber y valentía;
otro hace al débil fuerte
regalándole poesía.
Y cuando
ambos se contemplan
sin palabras, frente a frente,
sus dos oficios revelan
una verdad permanente.
Que no basta
sanar la herida
si el corazón queda solo,
ni basta alargar la vida
si se pierde su tesoro.
Por eso
juntos caminan
aunque distintos senderos,
pues los dos siempre se inclinan
ante dolores sinceros.
Uno escucha
el corazón,
otro escucha el pensamiento;
uno ofrece curación,
otro ofrece sentimiento.
Y así,
frente al sufrimiento,
cada cual cumple su oficio:
uno vence al padecimiento,
otro vence al precipicio.
Porque allí
donde hay dolor,
donde la esperanza muere,
puede nacer una flor
si alguien escucha y la quiere.
Médico y
poeta van
por un sendero infinito:
uno cura con sus manos,
otro cura con lo escrito.
Y al final
de sus caminos,
cuando todo quede atrás,
ambos habrán sido signos
de esperanza, de amor y de paz.
L. Carlos de
Torres Segovia
Murcia octubre 2026