miércoles, 7 de octubre de 2026

 

Parte V

Por eso, cuando el mundo nos pregunte
quién somos bajo el peso de los años,
quizá baste escuchar lo que nos dice
la voz que permanece sin engaños.

No busques solamente en los espejos
la imagen que los otros han formado;
ni entregues tu verdad a los reflejos
de aquel que por demás ya fue juzgado.

Mira dentro de ti, sereno y fuerte,
sin miedo a contemplar lo que allí mora;
quien se atreve a enfrentarse con la muerte
encuentra la verdad que le atesora.

Tres rostros en nosotros se congregan,
tres formas de una misma criatura;
tres voces que en el alma se despliegan
buscando comprender nuestra figura.

Pues nunca terminamos de encontrarnos,
ni acaba nuestra lenta construcción;
vivir consiste siempre en revelarnos
y hacer de nuestra vida, motivación.

Tres rostros en un solo ser humano,
tres formas de mirar nuestra verdad;
tres caminos que llevan de la mano
hacia una sola y honda identidad.

Y así, cuando la vida ya se apague
y calle para siempre nuestra voz,
quedará aquel, al que nadie lo halague
al despedirse, de este mundo tan feroz.

 

                L. Carlos de Torres Segovia

                  Murcia septiembre 2026

 

Parte IV

Es contemplar sin miedo nuestras sombras,
reconocer errores y virtudes;
prescindir de tapices y de alfombras
y aceptar nuestras incertidumbres.

Entonces pensamiento, obras y acción
podrán recuperar su antigua alianza;
y aquello que vivimos con devoción
será reflejo fiel, en la balanza.

Y acaso la verdad de Unamuno
consista en comprender nuestra existencia:
que nunca está terminado nuestro mundo
ni acaba de formarse nuestra esencia.

Porque vivir es siempre descubrirse,
mirarse nuevamente cada día;
aceptar que el que fuimos ya se aleja
y abrazar al que somos todavía.

La identidad no es piedra ni frontera,
ni estatua que permanezca ya formada;
es obra que se escribe en primavera,
primavera, que irrumpe iluminada.

Somos memoria, lucha y esperanza,
somos pasado, sueño y porvenir;
somos también aquello que no alcanza
la mano que pretende definir.

 

Parte III

¡Cuántas veces vivimos para otros,
buscando aprobación y reconocimiento!
Dejamos que sus ojos sean los nuestros
y que ellos nos impongan pensamiento.

La ajena expectativa nos domina,
nos dicta lo que somos y debemos;
y mientras, nuestra máscara camina
y la voz de nuestro ser no conocemos.

Cuanto mayor se vuelve la distancia
entre el hombre que somos y aparentamos,
más honda se hace entonces la arrogancia,
y más lejos de nosotros caminamos.

Por eso es necesario desprenderse
del peso de las voces que nos juzgan;
ningún hombre consigue conocerse
si vive prisionero de otras culpas.

Jung habló de la sombra que escondemos,
de aquello que negamos y ocultamos;
de todo cuanto somos y tememos,
de aquellas partes, que jamás representamos.

Aceptar nuestras luces y tinieblas
es reunir los trozos que quebramos;
mirar de frente dudas y querellas
y amar aquello mismo que negamos.

Nietzsche, vio al hombre como un río,
jamás detenido en forma permanente;
un ser que se enfrenta al mar bravío,
y que cambia con su lucha lentamente.

No hay hombre terminado ni completo,
ni forma que permanezca inmutable;
la vida nos entrega su secreto
y todo cuanto somos es mudable.

Tal vez aquí se encuentre la respuesta
que tanto perseguimos al buscarla:
ser uno, no consiste en ser orquesta
sino en dirigirla, sin extraviarla.

Conocerse, no es alcanzar la meta 
                                 ni hallar una verdad ya concluida;                                                                caminar hacia nosotros cual profeta                              aceptando sinsabores de la vida.

Parte II

El hombre de Unamuno es carne y hueso,
no fría abstracción ni pensamiento;
padece, ama, teme, espera un beso
y siente de la vida el movimiento. 

Es hombre que se entrega y es sufrido,
que siente sobre sí pasar los años;
que busca comprender por qué ha nacido
y lucha por vencer todos sus daños.

Sócrates, señaló la antigua vía
que lleva hacia el fondo de nosotros:
«Conócete a ti mismo» fue su guía,
para poder distinguirnos de los otros.

Mas conocerse no es empresa leve,
ni existe una respuesta permanente;
la vida, cada día nos conmueve
y cambia nuestra forma lentamente.

Cada amanecer trae nueva vida,
cada experiencia deja una huella;
la dicha, el dolor, la despedida
van cambiando la luz de nuestra estrella.

También William James miró los «yos»,
que forman nuestra múltiple existencia:
el yo material, social y espiritual
formas de acercarnos a la evidencia.

Y dijo, que son tantos nuestros «yos»
como personas llegan a mirarnos;
pues cada ser que cruza ante los ojos
puede dejar su huella al contemplarnos.

También Carl Rogers nos enseñaba
que el hombre ha de vivir en coherencia;
que aquello que se piensa y se soñaba
no debe contradecir a su conciencia.

Cuando palabra, pensamiento y acto
se apartan de aquello que creemos,
se rompe lentamente nuestro pacto
y dentro de nosotros nos perdemos.

Cooley describió la imagen que sustentan
y se va formando en otras miradas;
pensamos, cómo otros nos contemplan
y damos por seguras sus moradas.

Así hacemos del juicio nuestra forma,
del parecer ajeno nuestra guía;
y puede, aquella voz que nos conforma
convertirse en prisión del alma mía. 

 

Parte I

Unamuno, miró dentro del hombre
buscando en su conciencia la verdad;
quiso saber qué oculta nuestro nombre
qué rostro, permanece en realidad.

Preguntó por el ser y por su esencia,
por esa voz que dentro nos reclama;
y quiso penetrar en la conciencia
que calla, cuando el mundo ya no llama.

El hombre no es un ser tan inmutable,
ni permanece igual durante el tiempo;
su rostro se transforma, inevitable
al soplo de los días y del viento.

Hay un rostro que cada cual se inventa,
imagen que construye su deseo;
la forma que en su mente representa
al hombre que quisiera ser, que creo.

Es aquel que nosotros imaginamos,
el ser que proyectamos hacia fuera;
la imagen ideal que nos formamos,
la máscara que al mundo se ofreciera.

Mas queda un tercer rostro, el verdadero,
más hondo que la fama y la apariencia;
el ser que permanece duradero,
cuando el alma se encuentra con su esencia.

Es aquel que somos cuando nadie
nos mira ni pretende conocernos;
cuando cae la máscara cobarde
y queda nuestra imagen para vernos.

Tres rostros en un solo ser humano,
tres formas de enfrentarse a la existencia;
tres cauces que confluyen en la mano
e inmortalizan nuestra presencia.

 

LOS TRES ROSTROS DEL SER HUMANO
 
Desde Sócrates, pasando por Carl Rogers, Williams James, Cooley, Jung, Nietzsche hasta llegar a Unamuno.

Sócrates. - 470-399 a de C. Atenas.
Filosofo cuya frase famosa: “solo se, que no se nada” es el primer paso a la sabiduría, reconociendo la propia ignorancia.
Lo importante es cuidar el alma.

William James. - 1842-1910 N. York
Filosofo, médico, escritor, psicólogo y profesor.

Carl Rogers. - 1902-1987 USA
Impulsor del humanismo en la psicología.

Cooley. - 1864-1929 USA
Sociólogo y Psicólogo. Teoría del “Yo espejo”.

Jung. -1875-1961 Suiza
Psiquiatra, Psicólogo. Figura clave Psicoanálisis.

Nietzsche. - 1844-1900 Alemania
Filosofo, poeta, compositor, junto a Marx y Freud los tres maestros de la sospecha.
Porque se les llama así:
Marx nos enseño a sospechar de nuestra conciencia por que esta condicionada por intereses económicos y luchas de clase.
Nietzsche cuestiono los valores morales tradicionales al ver en ellos un resentimiento de los débiles frente a la vida.
Freud demostró que nuestra razón esta dominada por el inconsciente y la represión de los instintos.

Unamuno. - 1864-1936 España
Filosofo, ensayista, escritor, poeta, profesor y Rector de la U. de Salamanca. Vivió permanentemente entre la razón y la fe, inteligencia y sentimiento, duda y esperanza. Perteneció a la generación del 98 junto a Azorín, Machado……
Su frase famosa: “Venceréis, pero no convenceréis”.

Según Unamuno: en el ser humano hay tres rostros, a saber; “el que uno cree que es, el que los demás ven en ti, y el que eres de verdad”.

Sobre esto y basándome en todas sus teorías, he desarrollado un poema compuesto de versos endecasílabos y con rima consonante.


    L. Carlos de Torres Segovia

 

lunes, 14 de septiembre de 2026

 

A  MI  HIJO  LUIS  CARLOS

 

 

 

 

Para el hombre que se precie             Fuiste precoz desde siempre

no existe mejor regalo                   hasta en la noche aprendías,

que, perpetuar a su especie              cuando estabas en su vientre

con un varón, sin mas reparo.            a tu madre sorprendías.

 

 

 

 

Esto pasó contigo,                       Desde pequeño supiste

que viniste a culminar                   que el atar bien los zapatos

deber muy bien cumplido,                 no solamente consiste

de una pareja en amar.                   en firmar dos garabatos.

 

 

 

 

Desde pequeño se supo                    Fuiste primero en el agua,

tallo verde que despunta,                en correr tras la pelota,

que acabaste con el cupo                 cuerpecillo donde fragua,

si a tu personalidad se junta,           una personalidad que flota

una cabeza amueblada,                    como aceite que engalana

una nariz perfilada,                     que brilla con lo que toca.

anchos hombros que soportan,

una figura tallada.                           

 

 

Eres noble y altanero,

                                         ola que rompe sin freno.

Si tu tez era morena,                    Eres volcán en activo

y tu pelo blanco armiño,                 mar en calma para el remo.

tus ojos siempre en la escena            Eres presa de tu esmero

atentos desde muy niño.                  que hace que seas cautivo

                                         de tu fulgor contenido.

 

 

 

 

                                   De tu padre


martes, 18 de agosto de 2026

 

SONETO AL CRISTO DE LOS FAROLES

 

Córdoba, noche de flores,
te da su luz encendida;
mi alma queda prendida
entre rezos y clamores.

 

Tu farol guarda la aurora,
y en tu cruz, toda esperanza
late firme mi confianza
cuanto la noche atesora.

 

Ante ti reza la gente,
y recibe paz el corazón,
con fe firme y convincente;

 

Tu dolor sigue presente,
ofreces luz y protección,
Cristo amado y omnipotente.

 

 

               L. Carlos de Torres Segovia

               Murcia Agosto 2026

domingo, 2 de agosto de 2026

 

CARTA AL TODOPODEROSO

 

Escucha Señor

la petición de este siervo,

que te implora con fervor

me rescates de este infierno.

 

Libéranos Señor

de tanto inútil con cargo,

pues el tiempo se hace largo

y no les sobra pudor.

 

Libéranos oh Dios mío

de tanto demagogo en activo

que hacen presa y cautivo

al pobre ciudadano de a pie,

al que solo le queda la Fe

y no recibir más castigo.

 

Libéranos Señor

de tanto progresista en funciones

que solo atiende sus pretensiones

de alcanzar el solo la ola,

sujeto por quien lo engola

y exprimir al pobre, sin concesiones.

 

Libéranos Señor

de tanta feminazi presente,

que en lugar de esforzarse y unir

a los dos sexos de la tierra,

busca la lucha y destierra

una actitud coherente

que mire siempre de frente

haciendo una causa en común.

 

Libéranos oh Dios mío

de tanta execrable violencia,

acrecentada por la negligencia

de seres tiranos y altivos,

y viene a romper la inocencia

que hace a los hombres, furtivos.

 

Tu que puedes impide

que el mal actor aparezca

en la escena principal

ya, que el ser humano se mide

por su fuerza y entereza

y su actitud magistral.

 

Libéranos Señor de tanto sabio

que de tanto saber, no saben nada

no escuchan ni oyen, pura ensalada

y hacen de mi, perro que rabio.

 

En una palabra, Señor

dame resignación y paciencia

que hagan de mi un luchador,

y logre con maña y sapiencia

de esta guerra, triunfal ganador.

 

 

 

                                    

                                     L. Carlos de Torres Segovia

jueves, 23 de julio de 2026

 

EL MEDICO Y EL POETA

 

El médico y el poeta caminan por el mismo sendero:
uno toma el pulso al mundo en una muñeca,
el otro en la palabra que despierta.

El médico busca el latido escondido en la carne;
el poeta, el silencio que guardan las almas.

Los dos protagonistas de un amor verdadero.

Ambos conocen el temblor que habita el cuerpo,
la fiebre que enciende la mirada,
la herida que no sangra, pero duele igual.

El médico estudia los nombres del dolor:
asma, fiebre, tristeza, muerte.
El poeta los pronuncia, como si fuesen oraciones.

Y cuando la ciencia calla,
la poesía susurra lo que aún puede salvarse:
una esperanza, un recuerdo, un amor.

El médico y el poeta se miran,
y en sus ojos se reconocen:
uno cura con las manos, el otro cura con sus versos.

 

 

L. Carlos de Torres Segovia