DEL DIVINO AMAR
En prado de ternuras suspira el
alba pura,
y el alma, en dulce anhelo, la dicha halla segura;
que amor, dorada llama de origen celestial,
eleva y ennoblece su vuelo virginal.
La rosa se deshoja, más deja
aroma eterno;
así el querer humano se trueca en bien supremo;
pues quien ardiendo vive en llama tan serena,
halla en gozo profundo remedio a toda pena.
No es fuego carnal solo, ni ciega
fantasía,
más rayo que del cielo desciende en armonía;
y al pecho que lo acoge le infunde noble ardor,
templanza en la victoria y paz en el dolor.
Oh dulce amor divino, clemencia
luminosa,
que haces de dura piedra gentil y tierna rosa:
guía mi frágil vida por senda de verdad,
y en tu fulgor eterno me guarde la piedad.
L. Carlos de Torres Segovia
Abril 2026
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