MAESTRANZA
DE CABALLERIA
En Sevilla alza su cuna
blanca y oro en luz temprana
la Maestranza despierta
con rumor de madrugada.
Maestranza, Maestranza
templo de la torería,
donde el arte se hace magia
cada pase, poesía
emoción que se contagia
y provoca algarabía.
Arcos curvos, cal y albero
ladrillo rojo que abraza
al ruedo con todo esmero,
donde el viento se desplaza.
Bajo un cielo andaluz sustenta
su geometría callada,
y ante el mundo se presenta
obra de arte tallada.
Sube el sol por los tendidos
luz dorada, luz templada,
y el público, en fino porte
traje oscuro, voz guardada.
Hay un silencio que pesa
más que piedra, más que plata,
un respeto antiguo y hondo
que en los pechos se levanta.
Suena un clarín y se quiebra
la quietud que lo velaba
y en el ruedo, paso a paso
la liturgia se desata.
Capote que pinta el aire
como un verso que se alarga,
y el toro negro poema
en embestida se clava.
¡Olé! Profundo que nace
del alma por la garganta
no es grito, es canto que hace
de un silencio que quebranta.
Y en la arena, trazo a trazo
la faena se levanta
y en el lienzo de un plumazo
su figura se agiganta.
La Maestranza, la guarda
en su vientre de cal blanca
que hay tardes que no se olvidan,
¡Cátedras de Salamanca!.
L. Carlos de Torres
Segovia
Murcia Abril 2026
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